Probablemente la cañada Las Horquetas data de la década de 1930, cuando intensas lluvias azotaron el noroeste de la provincia de Buenos Aires. Claro que no se llamaba así ni se parecía en nada a lo que es hoy. En esa época la cañada Las Horquetas eran muchos pequeños canales que no daban abasto para drenar el agua que se acumulaba en la zona.
Para 1980 ya era un canal que se merecía un poco más de respeto. Un poco, porque tenía algo así como un metro cincuenta de ancho y dos de profundidad. Para cruzarlo había un tubo de sesenta centrímetros que atravesaba la ruta. Durante el gobierno de Cafiero se contrató una empresa inglesa para que realizara un relevamiento planialtimétrico de la zona (no sabemos bien en qué consiste un relevamiento plani bla bla bla, pero suena tan bien que tuvimos que incluirlo) y se comenzó a canalizar la cañada como Dios manda.
De un tubo de sesenta centímetros se pasó a uno de ochenta, a dos de sesenta, a dos de ochenta, y así hasta que la cañada llegó a tener sesenta o setenta metros de ancho, y se parece más a un arroyo que a otra cosa. Claro que hasta el año pasado era un arroyo sin agua, y cuando se construyó un puente para cruzarlo mucha gente se preguntó para qué carajo gastaban plata en semejante puente que cruzaba sobre tierra. Bueno, hoy en día agradecemos semejante construcción porque la cañada tiene más de tres metros de profundidad.
Eso es lo que nuestra tripulación de Operación Atlantis II quiere navegar.
domingo, 28 de febrero de 2010
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